Piedra Angular te cuenta…
Pasa
me dijo, ¿así que quieres entrevistarme?
Bueno, si es que tienes
tiempo… (Se sonrió por entre la barba).
Mi
tiempo se llama eternidad y alcanza para todo.
Señor, te envidio.
¿Qué
preguntas vas a hacerme?
Ninguna nueva ni difícil
para ti. Por ejemplo, ¿Qué es lo que más te divierte de los hombres?
Que
se aburren de ser niños por la prisa de llegar a adultos y luego suspiran por
regresar a niños. Que primero pierden la salud para tener dinero y en seguida
pierden el dinero para tener salud. Que de pensar ansiosamente en el futuro
descuidan su hora actual, con lo que ni viven el presente ni el futuro. Que
viven como si no fueran a morirse y se mueren como si no hubieran vivido.
¿Qué opinas del capitalismo
y del socialismo?
Todos
los hombres son míos: Los oprimidos y los opresores, los de la izquierda y los
de la derecha. Por lo mismo, son hermanos entre sí, y eso es lo que ellos se
olvidan; lo que salva no es el sistema, sino el amor.
¿La flor que más te gusta?
Cuando
una madre arrulla a su hijo es como si el universo floreciera.
¿Es fascinante o aburrido
ser Dios?
Mira,
un sabio goza investigando en su laboratorio, un jardinero goza trabajando el
huerto, un padre goza amando su hogar. Ahora, eleva tú esos gozos hasta el
infinito. Mi vida no puede ser más bella. Una vida de trabajo y conocimiento,
de amor y servicio. Huerto, laboratorio y hogar.
¿Qué piensas de los
astronautas?
Me
impresiona ver a las pequeñas hormigas escalando rascacielos. Y una ráfaga de
inteligencia en el silencio del cosmos.
Pero recordarás que uno de
ellos dijo que al subir en su cápsula no te había visto.
Los
ojos ven un poco, pero la inteligencia y el amor ven mucho más. La fe lo ve
todo. Además, si el cosmonauta no pudo y no quiso verme, yo en cambio lo estaba
viendo; lo estoy viendo ahora y eso es lo importante.
¿Cuál es tu lectura
preferida? Después dela biblia, claro.
El
periódico. Lo que más me interesa es el periódico, porque es la continuación de
la creación; lo que hacen los hombres a partir de lo que yo dejé hecho.
Señor, ¿Cuál es el pecado
que miras con mayor indulgencia?
Confidencialmente
te diré que no hay pecado por el que yo no tenga sino una infinita indulgencia.
Sólo hay uno para el que reservo todo el peso de la justicia: La explotación
del pobre. Publícalo si quieres a ocho columnas.
Señor, ¿prefieres ser amado
o temido?
Si
tú eres padre, ya tienes la respuesta.
¿Te molesta que en el mundo
haya ateos?
Te
aseguro que muchos lo dicen y no lo son, otros me buscan aun sin saberlo, otros
me llaman con distinto nombre y les preocupo tanto que, si yo no existiera, no
se esforzarían en negarme.
¿Qué opinas de los teólogos
que hablan de la muerte de Dios?
Algunos
ya murieron y otros no tardarán…
¿No crees que este mundo
preñado de crisis y problemas agoniza y se hunde?
He
visto otros tiempos y otras tempestades, y en verdad te digo que la noche
desemboca siempre en el amanecer. Al mundo sólo le falta el principio que rige
el universo: El amor.
¿Qué podemos pensar de los
que nunca han amado?
No
hay tales.
¿Qué me dices de los
sanguinarios, de los tiranos?
También
esos aman a su manera. Cuando pasen al
otro lado recibirán un buen susto.
No entiendo.
Se
darán cuenta que al dejar este mundo nadie les preguntará por sus crímenes,
riquezas, poder o belleza. Ellos mismos y sólo ellos caerán en la cuenta que la
única medida válida es la del amor. Si no has amado aquí en tu tiempo, solo tú
te sentirás responsable.
Y, ¿qué ocurrirá con los que
no hemos sabido amar?
Querrás
decir con los que no han querido amar… esos, amigo, serán los grandes estafados
y, en consecuencia, los últimos en el reino de Dios.
Entonces, ¿Dios es un Dios
de amor?
¡Tú
eres Dios!
¿Yo, señor?
En
verdad te digo que todos los nacidos llevan el sello de la divinidad. Haber
sido creado por el Dios supone la máxima manifestación de amor. Se les ha dado
todo sin pedir nada a cambio.
¿Y cuál es tu voluntad?
Que
los hombres se amen como yo los he amado. Eso es todo.
¿Quién eres señor?
Dios
es amor.
¿Por qué es tan importante
el amor?
Es
la vela del navío.
Déjame que insista, ¿qué es
el amor?
Dar.
¿Dar?, pero, ¿qué?
Dar
desde una mirada hasta una vida.
¿Qué podemos dar los
angustiados?
La
angustia.
¿A quién?
A
la persona que te quiere.
¿Y si no tienes a nadie?
Eso
es imposible… Incluso los que no te conocen pueden amarte.
¿Y qué me dices de tus
enemigos? ¿También debes amarlos?
Sobre
todo a esos… El que ama a los que le aman ya han recibido su recompensa.
Finalmente –le pregunte.-:
Señor, el mundo se debate en una crisis y tú lo sabes; existen cientos de miles
de niños que mueren de hambre, que son explotados y drogados, seres
esclavizados en la ignorancia y en la miseria, seres en la soledad que
necesitan ternura y comprensión, seres deformes resultado de una sociedad
deshumanizada que ha perdido el sentido del amor. Señor, tú sabes que me
angustia y me duele profundamente esta realidad. Señor, ¿tendrán solución?
¿Existirá un camino para llevar la justicia y el amor a esos seres?
Hijo
mío, los líderes que sean capaces de reclamarse a sí mismos y a todo lo que yo
les he dado serán capaces de llevar una estrella de paz y amor a todos los
confines del mundo. Llámalos, diles que yo los necesito.
Estimado lector, a través de
ésta última página, te pregunto: ¿a Dios lo abandonarás? Él te necesita ¡ahora!
Miguel Ángel Cornejo Rosado
Joaquín Antonio Peñaloza
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